la acción social en tiempos del coronavirus.

SERGIO CIFU •LUNES, 23 DE MARZO DE 2020•
Vaya por delante que, llegados a este punto, soy partidario de seguir las recomendaciones del gobierno y las medidas derivadas de la declaración del estado de alarma. Algunas de las siguientes reflexiones tendrían lugar, pues, sólo en la medida en que la propagación del virus no fuera detenida o no de forma suficiente.
En segundo lugar me gustaría expresar mi solidaridad con afectados y familiares, ya que intuyo que no estamos ante una “gripe” normal. No, al menos, en el orden de los síntomas que suceden al contagio y en la gravedad de la sensación de ahogo e insuficiencia respiratoria y/o pulmonía a la que da lugar.
Pero desde mi punto de vista, se ha actuado únicamente observando la situación desde el ámbito científico-técnico de la medicina y desde el aparato político administrativo. Asimismo, se ha confiado al sistema jurídico-penal la concienciación y el cumplimiento de la normativa derivada del estado de alarma.
Poco o nada se ha confiado en el tejido social formal o informal. Ninguna asociación ni voluntariado ajeno a la administración se ha hecho cargo de la difusión de la información, de cuestiones logísticas, de intendencia ,ni mucho menos se ha contado con un consenso social amplio para llevarla a cabo. Solamente algunas asociaciones profesionalizadas como Intermón o Cáritas, se han hecho cargo de cuestiones “sociales” de atención a las personas de mayor vulnerabilidad en grandes ciudades como Madrid o Valencia. Nada, o casi nada, al respecto de la situación social de la propia epidemia.
Es normal, pensará el lector, que, si lo que se pretende es evitar la “socialización” o, en términos más amplios, la actividad humana colectiva, no se fomente, ni siquiera se permita, la actividad asociativa.
No obstante, no debemos dejar de formular preguntas, tales como ¿Podría haberse contemplado otro escenario? ¿Acaso la gente, ante una enfermedad epidémica, no respondería de alguna manera? ¿No tendría una opinión sobre lo que pasa y sobre lo que es conveniente hacer? ¿No es sería esta una información valiosa y eficaz?
Se puede haber optado por esta solución (de la que no pongo en duda su oportunidad y eficacia) pero, a mi juicio, es interesante aportar al debate algunos elementos que subyacen a la misma.
CREENCIAS INCONSCIENTES
No es difícil para un entrevistador experimentado, detectar las creencias inconscientes que subyacen a los discursos dominantes de políticos y medios de comunicación. En mi opinión, la metáfora de: “La medicina y el conocimiento científico luchan contra el virus”. No es otra que la vieja idea de la civilización contra la naturaleza.
Estas creencias no se pueden poner en cuestión ya que no se suelen manifestar de manera explícita, sino metafóricamente. Si, al menos, tuviéramos la oportunidad de debatir en torno a la naturaleza de virus y bacterias, con sus aportaciones y disfunciones, podríamos señalar caminos que nos condujesen a la convivencia para con virus y bacterias que son, en definitiva, elementos imprescindibles para la vida.
De hecho, la enfermedad, el dolor o la muerte, no han sido vistas como algo negativo por todas las culturas y civilizaciones que en el mundo han sido. Si no como una ola de la que –como diría Lao Tse- sólo sumergiéndose en ella se puede hallar salida.
En nuestra sociedad, cementerios y hospitales van quedando cada vez más fuera de nuestra vista y de nuestra cotidianidad. También los funerales son cada vez más un breve y aséptico trámite y menos un acontecimiento social que nos invita a compartir profundas reflexiones filosóficas.
De igual manera que huimos de la enfermedad, lo hacemos del conflicto o de la pobreza. Pero quizá convenga salir de esta volviendo la mirada hacia donde el miedo nos está pidiendo que no miremos.
El miedo es una poderosa emoción que percibimos como negativa o molesta. Tradicionalmente, se relaciona con nuestro apego al cuerpo, a la materia y a nuestro sentido de la mortalidad. Es normal que experimentemos miedo ante una circunstancia para la que no tenemos ningún punto de referencia, pero también es conviene tomar conciencia de que ésta emoción no es igual en todas las culturas (donde la dimensión física y material no es tan valorada) ni para todas las personas (ya que su intensidad está relacionada con las experiencias emocionales vividas en los primeros años de la vida).
RESPUESTAS DESDE LO COMUNITARIO
De la misma manera que desde lo comunitario se “cree” que la sociedad tiene su propia sabiduría y conocimientos, y que éstos deben ser complementarios (que no contrarios) con los de la ciencia social. Podemos decir que la naturaleza y la sabiduría colectiva tienen también sus propias formas de hacer frente (o de convivir) con las enfermedades que, durante millones de años, han sucedido a la especie humana.
En la pequeña aldea donde se crió mi padre no habían médicos, tal vez nunca los hubo. Aún así, un número considerable de efectivos sobrevivió a la “gripe española” o al “cólera”. En el libro “Silla en los tiempos del cólera”, se reproducen imágenes de aquellos convalecientes a los que acompañaba un nutrido grupo de familiares mientras el médico recogía sus instrumentos y el sacerdote imprimía la extremaunción. Me pregunto qué cambios sociales y relacionales se produjeron en aquella pequeña comunidad situada junto a la Albufera de Valencia tras la epidemia.
Más recientemente, durante unos encuentros entre asociaciones del norte de África y del sur de Europa celebrados cerca de la ciudad de Orán (Argelia), yo mismo contraje una gripe a cuya cepa no estamos inmunizados los europeos. Por supuesto entré en pánico mientras se resolvían cuestiones burocráticas sobre mi seguro de viaje o a que hospital debía ir. Pero mi alarma se incrementó cuando vi las rudimentarias instalaciones sanitarias de nuestro país vecino.
Ya de regreso al albergue (habiéndoseme administrado paracetamol), el señor que nos acompañaba se ofreció a prepararme una infusión de orégano. Cómo los remedios que solían hacerse en el pueblo de mi padre, se trataba de una solución homeopática, es decir, ayudaba al cuerpo a agudizar sus propios síntomas elevando la temperatura. No sé si dio resultado, pero lo cierto es que progresivamente me fui encontrando mejor.
PENSAMIENTO BINARIO
No quisiera pecar de agorero, pero la “lucha” contra algo suele amplificar ese “algo”. Llevamos muchos años de lucha contra la droga y nunca antes había habido tanto tráfico y consumo. Asimismo, la constante lucha contra la delincuencia nos ha llevado a tener la mayor población carcelaria de la historia de la humanidad.
Me gustaría, en este punto, llamar la atención sobre el uso del pensamiento binario. Ya que una cosa es el contenido del pensamiento (ciencia contra virus) y otra su estructura. Me temo que la estructura (A contra B) permanecerá, mientras que el contenido variará en función de las circunstancias. Espero equivocarme, pero creo que vamos a ver muchas versiones de esta polarización, tales como: un incremento del individualismo, la desconfianza, las acusaciones, la búsqueda de culpables entre vecinos, etc… También podemos ver la canalización de la frustración de la ira hacia el presidente del gobierno o el capitalismo.
Si, por el contrario, nos encontrásemos ante un discurso que percibiese al virus cómo un elemento que viene a aportar algo positivo (sólo que en este momento esas subrutinas en nuestro ADN son innecesarias para la especie humana), concluiríamos que, cómo la tormenta u otros fenómenos naturales que nos importunan, más allá de nuestro entendimiento, están ahí por qué tienen que estar.
Este segundo discurso contendría la creencia de que “aquí no sobra nadie”, y, consecuentemente, tanto el presidente del gobierno, como los que no cumplen las normas como el capitalismo también contienen una sabiduría necesaria de la que la sociedad no puede prescindir.
Por ejemplo, el presidente del gobierno y el capitalismo representarían, respectivamente, la planificación y el liberalismo (sobretodo económico, aunque también de otro tipo). Ambos, en mi opinión, son necesarios, ya que la sociedad requiere de la asignación de recursos planificada y de la libre competencia, en función del producto o ámbito del que se trate.
Con respecto a la gente que no cumple las normas impuestas por el estado de alarma se puede decir que, al fin y al cabo, con su comportamiento nos están indicando que la norma es contraria a la naturaleza social del ser humano, por lo que esta normativa habrá de ser, en mi opinión, lo más breve, flexible y reversible posible.
No olvidemos que el confinamiento individual puede ser un golpe especialmente duro para el pueblo gitano u otros grupos con un alto sentido de comunidad.
ESTADO DE FRUSTACIÓN LATENTE
La “forma” que ha adoptado la toma de decisiones, concentradas en un reducido grupo de expertos científicos y altos cargos, revela la escasa confianza que se tiene en la sociedad, en la descentralización y en el tejido social conformado por una amplia pluralidad de agentes. Desde los estamentos más bajos de la administración pública –ayuntamientos, juntas de distrito, etc…- hasta familias, comercios, asociaciones, grupos de whattsap, etc… Todos han quedado fuera de responsabilizarse de su propia situación, lo que puede estar bajo el actual estado de frustración latente.
Sabemos, por ejemplo, que los diferentes países de la UE han adoptado diferentes medidas (o similares pero con matices), en torno a la apertura de establecimientos de hostelería, actividades al aire libre, etc… En mi opinión, no reviste el mismo riesgo de contagio pasear al aire libre por un pueblo de la amplia meseta castellana que por el barrio de Lavapiés.
De igual manera, tampoco se ha puesto a disposición de la sociedad otros agentes de salud relacionados con la nutrición, terapias corporales, humanistas, etc…
¿QUÉ HACER?
Vaya por delante que la palabra “coronavirus” es, ante todo, una palabra. Cosa distinta es la vivencia experiencial que supone transitar los síntomas que de su contagio se derivan. En este sentido, encontraremos toda gama de posibilidades. Desde aquellos afectados que no presentan síntomas, hasta las más graves afecciones. La mayoría de cuadros sintomáticos serán, como los propios virus, parecidos pero diferentes en cada cuerpo.
Lo más duro de llevar, parece ser la neumonía a la que da lugar y la sensación de carencia de oxígeno. Además, es más duradera que una gripe común, pudiendo alargarse los síntomas varias semanas.
La actual decisión se ha tomado, en mi opinión, siguiendo dos parámetros: a) reducir el número de contagios ,y b) en el menor tiempo posible.
Si estas medidas de choque no fueran efectivas, de forma que el virus se extendiera de forma que la exposición fuera inevitable para una gran parte de la población, los técnicos de dinamización comunitaria habríamos de jugar nuestro papel. Eso sí, los objetivos de nuestra actividad serían distintos, pero como se ha dicho, complementarios.
Lo que habrá que tener en consideración para evaluar otro tipo de tratamiento (digamos homeopático) no será el número de afectados ni la duración del proceso sino otros indicadores. Por ejemplo, el aumento en la calidad y cantidad de las relaciones personales y afectivas que se deriven de la epidemia, el tejido social que se genere nuevo o el fortalecimiento del ya existente, las nuevas identidades a las que dé lugar, los nuevos espacios que se abran… Si esto se cumple, saldremos de esta situación con una comunidad más “preparada” para hacer frente a éstos u otros fenómenos en el futuro. Desgraciadamente, puede que esto requiera mucho tiempo y que las bajas sean considerablemente superiores a las que, a día de hoy, con las medidas adoptadas, se preveen.
Por ejemplo, este proceso daría lugar a que, si desgraciadamente un familiar cercano mayor fallece, la calidad de la relación con él haya sido superior a la que hubiéramos tenido antes de la epidemia. Aumentando, por ejemplo, las visitas, acontecimientos compartidos, y, en definitiva, mejorando la calidad de la relación afectiva. Por tanto, no sería tan importante que ese familiar haya vivido 10 años más, sino que los últimos cinco se haya compartido una mayor afectividad.
La muerte quizá no la podamos evitar (ni siquiera la nuestra propia) pero sí podemos actuar sobre la calidad de nuestras relaciones.
Algunas acciones que se derivarían de este otro tratamiento podrían ser; la formación de pequeños comités locales de voluntariado, la capacidad de Ayuntamientos para establecer normativas municipales que habiliten horarios y lugares de paseo, recreo, etc… Locales municipales para la convalecencia de los casos que no requieran hospitalización o los que, necesitándola, sólo sea por cuestiones de supervisión. Pequeñas asambleas informativas en las que, aquellos que vayan pasando la enfermedad, a modo de terapia de grupo, relaten su experiencia (sobre todo de los “días pico” de fiebre y asfixia).
Asimismo, se podría organizar pequeñas reuniones donde se tome conciencia de la importancia de la alimentación o del funcionamiento general del sistema inmunológico y se expresen y se compartan emociones de forma colectiva.
RECOMENDACIONES FINALES
Me gustaría finalizar con mis propias recomendaciones, ya que, cómo se ha dicho al principio de este artículo, aunque la enfermedad es percibida como algo negativo, a lo que conviene “sedar” o “controlar”, también puede ser una buena oportunidad de autoconocimiento y aprendizaje.
Estas recomendaciones no pretenden, en ningún caso, sustituir a los profesionales sanitarios, sino complementarlos con una sabiduría basada en la experiencia propia o cercana. Cualquiera de las recomendaciones que se exponen aquí no habrá de ser contradictoria con las prescripciones médicas oportunas.
– En primer lugar, escucha a tu cuerpo, dada la escasa conciencia corporal que tenemos en nuestra cultura es normal que nos dejemos guiar por consejos y recomendaciones externas, pero, con un poco de práctica, entenderemos que el propio cuerpo puede ser nuestra mejor guía para la recuperación.
– Lo más normal es que el cuerpo nos reclame una dieta ligera y estrictamente vegetariana. A modo homeopático, debemos ayudarle a conseguir lo que pretende. Ensaladas, frutas y guisos vegetarianos ligeros serán nuestro mejor aliado. Evita el azúcar, el café y el alcohol.
– A partir de un momento (aproximadamente ocho días desde los primeros síntomas), el cuerpo nos pedirá comida en abundancia. Si puedes, mantén la dieta vegetariana pero aumenta la cantidad tanto cómo te apetezca. En la zona del sur de la huerta de Valencia donde resido, no sería muy difícil cocinar, en comedores escolares o asociaciones culturales falleras, grandes recipientes de caldo de verdura de temporada de la propia zona.
– Uno de los síntomas más desagradables es la sensación de insuficiencia respiratoria. Lo que nos está pidiendo el cuerpo es REPOSO TOTAL. Existe la denominada “gripe del ejecutivo”, que, no por casualidad, ocurre en viernes. Cuando el sistema inmunológico percibe que ya no está en peligro (stress) es cuando se permite enfermar. Manteniendo un reposo total será cuando enviemos a nuestro cuerpo el mensaje de que es el momento de experimentar los síntomas. No luches contra ellos, permítete enfermar.
– Acompaña tu respiración. No intentes aumentar tu capacidad pulmonar, simplemente observa tu respiración, esta irá aumentando por sí sola y se irán abriendo las vías respiratorias progresivamente. No te pongas nervioso. La ansiedad no ayudará. No te vas a quedar sin aire ni te vas a morir, es un síntoma, por tanto, es mejor acompañarlo que luchar contra él.
– Simplemente con un termómetro y con un sencillo aparato que mide el nivel de oxígeno en la sangre, se podría tranquilizar a un buen número de afectados, ya que, la mayoría teme que la insuficiencia de oxígeno vaya a más. Parece ser que ésta es constante y que permite, en la mayoría de los casos, unos niveles de oxígeno en la sangre considerados normales. Lo mismo pasa con la fiebre, que suele ser, según parece, incluso un poco más baja que la que se experimenta en una gripe común.
– Se suele decir que respiramos muy por debajo de nuestra capacidad y que, contrariamente al resto de mamíferos, introducimos pausas de manera “inconsciente”. Vigila que tu respiración no se detenga, tal como lo haría si fuera una fuente. No la fuerces, no tiene nada que ver con técnicas de hiperventilación, simplemente que no se detenga demasiado entre la expiración y la inspiración. Es la forma más natural, por lo que, al poco tiempo de practicarlo, tu cuerpo volverá a respirar sin pausas (es decir, normalmente) de forma inconsciente. Esta es una gran oportunidad para reconciliarnos con nuestra respiración y para tomar conciencia de que, en general, vivimos una vida privada de oxigenación.
– Beber abundante agua ayudará, recuerda que el proceso se parece a cualquier proceso depurativo. Sudar es también una buena forma de llevar los momentos pico de fiebre.
– No es una gripe “normal” por lo que la secuencia de síntomas no es la habitual (dolor de garganta, infección, fiebre, mucosidad). Además, algunos de los síntomas pueden ser de mayor gravedad (infecciones de oído, garganta, etc…). No esperes que pase rápido, simplemente permanece observando el tiempo que puedas. Las prisas serán las peores consejeras.
– Si el cuerpo te pide algo dulce, una cucharada de miel será lo mejor que le puedes ofrecer. Zumos, infusiones, etc… contribuirán a depurar.
– No hay que esperar milagros. Los consejos de algunos “sanadores” que no proceden de la ciencia médica pueden ayudar pero también pueden ser contraproducentes. Lo que nos dirá si son convenientes o no será la reacción corporal que experimentemos ante la idea que nos sugieran.
– Por ejemplo, los ejercicios de yoga para fortalecer los músculos de la respiración o determinados “pranayamas” pueden ser contraproducentes. En mi opinión, será mejor acompañar la respiración que percibimos cómo insuficiente con reposo total, ya que esto es, en definitiva, lo que nos está pidiendo el cuerpo.
– No obstante, si te interesa profundizar en la meditación, ahora tienes la oportunidad de practicar un sencillo ejercicio. Sencillamente lleva tu atención a esa presión en el pecho o a esa molesta sensación de difícil descripción de tu sistema respiratorio. Observa cómo va cambiando de forma y como tus sensaciones corporales varían constantemente. Tómate el tiempo que quieras, cuanto más mejor. De lo que dispones en este momento es de tiempo. Una vez te hayas familiarizado lo suficiente con la sensación, imagínate que la acoges en tus brazos como si fuera un niño. Esta imagen es sumamente potente para tu subconsciente, ya que está formado, por decirlo de forma breve, por tus emociones infantiles, así que, como si fuera un niño, se sentirá inmediatamente protegido por una presencia materna.
– Durante los días pico de fiebre (aproximadamente tres), yo no soy partidario (aunque hay opiniones contrarias) de ducharse ni de tomar el aire. Sí lo soy, sin embargo, de la vieja recomendación de taparse con mantas o provocar la sudoración, ya que, una vez más, empujamos al cuerpo hacia donde quiere ir (aumentar la temperatura por encima de los 37º).
– Me da la sensación de que esta gripe tarda mucho (unos siete días) en manifestar su máxima expresión sintomática. Será mejor tener paciencia, después de la lluvia sale el sol.
– La ansiedad que puede devenir de la sobreinformación o cualquier otra circunstancia no te ayudará. Volver a seguir tu respiración será la mejor y más segura medicina.
– Actualmente hay una polémica en torno al uso del vapor de agua para respirar. Se sabe muy poco de este virus y de la afección pulmonar que genera (SARS), por lo que, pese a ser un remedio aparentemente tradicional e inocuo yo no lo practicaría.
– Durante los días “pico” de fiebre (aproximadamente a partir del quinto día de notar síntomas evidentes) será muy interesante observar tus sueños e imágenes que te sobrevengan en estado de “duermevela”. No por casualidad se dice que ante una experiencia cercana a la muerte la mente crea una secuencia de lo que ha sido tu vida. Es posible que esto te pase, serán símbolos de elementos emocionalmente significativos para ti. No lo interpretes ni lo juzgues, a través de la simple observación tu mente consciente captará el mensaje.
Me gustaría acabar con una breve reflexión sobre la recuperación de la confianza en la naturaleza que es, en definitiva, la recuperación de la confianza en el cuerpo y en la comunidad. En mi experiencia vital he podido comprobar que, cuando esta confianza es una “creencia”, como el “que sea lo que Dios quiera” cristiano, el “In s´ha Alà” musulmán o cualquier otra teoría o doctrina, no suele servir de mucho.
Sin embargo, cuando la confianza en la naturaleza no es una “creencia” mental sino una experiencia se convierte en una poderosa herramienta para la vida.
Así lo expresa el capítulo 5 del Tao: El espacio entre el cielo y la tierra es como un fuelle, Como el Tao está vacío y con todo es inagotable, cuanto más se habla de él menos se alcanza, esta es la confianza de la naturaleza.
Un abrazo y mucho ánimo

SERGIO CIFUENTES SÁNCHEZ.
Sociólogo. Docente de “dinamización comunitaria” en LABORA (servicio de empleo y formación de la Comunidad Valenciana). Autor, entre otras publicaciones de “La investigación participativa: una herramienta para la innovación en Servicios Sociales”, “Manual de Reguetón para educadores” o los planes de” Inclusión y Cohesión social” y de “Participación infantil y juvenil de La Ribera Alta”.

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